lunes, 29 de mayo de 2017

Luna de miel en el Hotel California




Hace poco más de 20 años, el 16 de enero de 1997, puse el punto y final a mi primera novela, una cosita bastante infumable y pedante llamada 'Luna de miel en el Hotel California', debidamente escondida ahora en lo más profundo de armarios y carpetas. Iba, como no podía ser de otra manera, de tremendismos juveniles, de la sensación terrible que te aplasta a los 20 años de que todo eso que has estado esperando desde que tenías 14, 15 o 16 años y que la vida adulta te iba a regalar con la mayoría de edad era una patraña. Cambia el calibre de las frustraciones, se acumulan en todo caso. Año tras año.

Lo terrible es que ni lo sabes en ese momento. Por eso, la novela no era tan sesuda ni existencial. Lo que sí era un ladrillazo importante: porque empezaba yo a leer en serio y me daba por enlazar páginas y páginas de párrafos sin punto y aparte, en una triste emulación de la narración río/monólogo interior. En el fondo, la historia era una especie de 'Amor a quemarropa' en Madrid: chico solitario conoce a chica peligrosa y huyen en una sola noche en un amor imposible, con cierto toque fatalista, bajo la influencia satánico/maldita de la canción que da título a la obra.  

La había comenzado el 13 de septiembre de 1995 a bolígrafo en un cuaderno de anillas de tamaño folio en la tienda de zapatos que mis padres tenían en San Fernando, a pocos meses de empezar el tercer curso de la carrera de Periodismo. Durante aquel año, aprovecharía las clases para seguir escribiéndola a mano mientras alguien hablaba de redacción o dábamos por tercer año consecutivo el artículo de la Constitución que habla de la libertad de expresión... y luego la pasé a máquina en un viejo aparato eléctrico (entonces era toda una innovación para escritores). Es decir, la escribí de principio a fin dos veces (en el camino se cayeron capítulos enteros, de hecho).




Lo que sí hubo desde el primer momento fue intención de añadirle banda sonora. Y eso hice: cada capítulo tenía como título una canción. En aquella época sin internet la cultura musical de cada uno dependía de su familia, amigos, círculo de universidad... lo que cayera cerca, oyera en una radio o viera en una película. Así que hay obviedades de veinteañero universitario (ese Silvio), canciones que han envejecido bastante mal y otras que son, todavía hoy, indispensables en mi BSO personal.

¿Que por qué cuento todo esto ahora? Porque en menos de 24 horas (martes, 30 de mayo, a las 20:30 horas en la Beer Station de Madrid) presento mi segunda novela publicada, 'La Dama Blanca del Mississippi', tan distinta pero hermana al fin y al cabo de su precursora de hace 20 años. 

No sólo por el uso de canciones en una novela... qué va...

Quieras o no, somos lo que somos (que dice Tennyson).

Salud.   


You're so cool (Hans Zimmer)



Hotel California (The Eagles)



Ordinary World (Duran Duran)



Paint it black (The Rolling Stones)



Connection (Elastica)



Runaway (Del Shannon)



Listen to me (Texas)



Wicked Game (Chris Isaak)



No one said it would be easy (Sheryl Crow)



The unforgettable fire (U2)



Ojalá (Silvio Rodríguez)


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